
El barrio árabe
Como todas las ciudades la Aldea tiene sus barrios, y ya se dedicaron, en su día, algunos contenidos de esta columna siempre avizor, a definirlos según se distingue desde lo alto de ella.
El barrio “latino”, ya no es el de los universitarios parisinos. Sino el que ha crecido en América, al sur del Río Grande, y que en su constante expansión demográfica penetra, cada día más, en el racista vecino del norte que nunca ha querido saber de mestizajes con una poderosa cultura, también mixta: europeo-renacentista, y autóctona, y en constante evolución, con muchos años por delante para alcanzar su lugar en la Historia.
El “barrio” árabe, ha roto sus fronteras, pero no a lomos de caballos como los de Atila, sino sobre humildes y arriesgadas pateras. Los bárbaros de Al-Quaeda no les representan, sino que, como sicarios, obedecen a quien les paga. Que tengan el mismo origen es otra cosa distinta. O, ¿es que no han existido miles de mafiosos italianos, junto a los laboriosos italo-americanos que tanta riqueza y prosperidad generaron en Norteamérica? Es bueno retener este dato para no confundirse.
El árabe salido en patera, arriesga su vida, deja atrás una familia de sangre, se busca la vida, y envía remesas de dinero que terminan haciendo prosperar un huerto que contribuye a la importación horto-frutícola que demanda Europa. En este barrio, la emigración es una característica dominante actual junto a su genuina cultura secular. Quienes se quedan, cultivan lo que tienen, y rezan por el que se fue. Alá es grande en la humildad, con los sables olvidados de para qué sirven. Pero, a la vez el que se va, lleva muchas cosas con él; no es una cultura trivial la suya. Sólo le sobran los ayatolaes, los clérigos intolerantes, y eso, como en todas partes...
Claro que ¿cómo decírselo?... Uno de ellos, se ha hecho particularmente famoso en España al escribir un libro sobre como atizar a la esposa, sin dejar huellas. Pero el árabe de segunda o tercera generación, que ya existe en Europa, mezcla su cultura con la que encuentra, que tampoco es manca. En España se tiene muestras de ese mestizaje habido en siglos pasados; las torres mudéjares que proliferan en Aragón, y el arte mozárabe orgullo de Toledo. Hay quienes preferirían verlos en guetos, porque así habría más cabecillas, de uno y otro lado. Y surgirían leyes que mantendrían las distancias y no habría mezclas que, en realidad, es lo que conviene.
La raza universal, forzosamente, ha de ser una raza mixta. Lo que no está reñido con el orgullo de pertenecer a alguna parte y de tener una familia, numerosa. Aunque parezca mentira, no todo está “bajo control”, y la famosa globalización está trabajando, incansable, a favor de ese mestizaje. Esos árabes mencionados, de segunda y tercera generación, se comunican con su pueblo por Internet, y ven la misma televisión a través del satélite; un espacio informativo común a ambos lados del Mediterráneo. El flujo es bidireccional; favorecido por la comunicación, aumenta el conocimiento.
El árabe europeo – euroárabe-, no es ningún sueño, y, además, sostiene sociedades cuya escasez demográfica haría quebrar las cuentas de la Seguridad Social. Las nuevas generaciones de la "Europa Oculta", están emergiendo, y proveyéndola de los que han de ser sus bazas en un mundo globalizado. La alternativa al multiculturalismo –una forma de exclusión-, es el mestizaje; suena peor que “lo mixto”, pero por culpa del racismo que menosprecia la impureza de sangre. El hecho es que ese bagaje cultural, le acompaña