
Curso que se inicia
Aun sin digerir, tolerar, o incrustar, esa antipática situación de volver a la rutina del bienaventurado puesto de trabajo en estos inciertos tiempos – ¡Que me quede como estaba, Virgencita, que me quede como estaba!... suplicaba un enfermo en silla de ruedas cuando rodaba libremente cuesta abajo y sin frenos en la cueva de la gruta de Lourdes-, es momento de echar un vistazo a la situación política que se avecina una vez cerrado el paréntesis estiva, y cruzado el ecuador de la actual legislatura.
Ni siquiera a los pocos días de las elecciones, y por supuesto menos al día de hoy, ni los que votaron a los ganadores se sentían satisfechos a causa de los negros presagios económicos que se cernían sobre el país, ni los electores del PP entendían para qué -ni a quien- habían votado. Pasados ya mas de dos años, la situación es la misma, sólo que más evidente, para inquieto asombro de unos y otros. ¿Cuántos votantes del PSOE están ya incluidos en las listas del paro? ¿Cuántos que votaron a los populares se arrepienten de haber dado su voto a un Rajoy que parece “mas p´allá, que p´acá”? Pero, en fin, no es cuestión de repetir aquello de que si, pasados estos meses, se volvieran a dar las elecciones, los resultados seria asombrosamente diferentes.
O los españoles no entienden de política, o los partidos enmascaran sus intenciones y capacidades, y mienten con descaro para poner la cara más angelical posible ante el día que toca hablar a las urnas. Sea lo que fuere, “con estos mimbres hay que hacer el cesto”, y si no hay sorpresas, habrá que esperar otros cuatro años. ¿Para qué?... tal vez para volver a meter la pata a la vez que la papeleta. “Nadie es perfecto” exclamaba Jack Lemmon en “Con faldas y a lo loco”, y nuestra treintañera democracia, tampoco lo es.
Casi dos años por delante restan para ver en qué estropicios queda la tan llevada y traída, como negada, crisis. Los mismos… que para contemplar las sorpresas de ZP, como “bombero torero”, a fin de distraer e intentar divertir al “respetable”. Los mismos que para hartarse de las agudezas del “pepiño” y sus “concetos” para desautorizar a la Oposición, incluso antes de que esta se oponga a nada. Para ver, también, como la nueva “reala” del PP roe el duro hueso de la permanente falacia socialista.
El electorado escaldado, desde cualquier posición, intentará como actitud defensiva “pasar” de políticos y política, e interesarse con otros menesteres para sobrevivir en el caos. Los más inquietos en cuanto a su responsabilidad ante futuros comicios, permanecerán atentos “a la pantalla”, para ver qué nuevas escuadrillas políticas aparecen en el horizonte y que respondan con mayor ajuste a sus propias apreciaciones de lo que el país requiere para salir adelante. “A otro can con ese hueso” se dicen cuando oyen (sin escuchar), lo de la memoria histórica, el aborto o la eutanasia, entre otros temas, para su distracción de las consecuencias del “desgobierno de España”.
La llamada “interrupción del embarazo”, para endulzar la acción del aborto, es una zafia mentira que poco a poco se va descubriendo. Sólo se interrumpe lo que se puede continuar más adelante, abortar es destruir una nueva vida en su origen, para siempre. Para la eutanasia se intenta colar otra mentira, igual de zafia, con el término de “muerte digna”.
Toda muerte es digna tanto si acontece de manera súbita, o tras una agonía dignamente atendida y sobrellevada por el paciente y su familia. Quien crea la vida, también la quita, sólo que se conoce el día de nacimiento y se ignora el último día. Ni uno ni otro pertenecen a la capacidad ni voluntad de los hombres.