Ciberhumor, a pesar de todo

Parece como si una púdica y adiestrada mano profesional hubiera extendido un aséptico apósito sobre el resto de las heridas que padece la humanidad.  Tan sólo los gritos, y los hechos, entre el islamismo radical y los países desarrollados son motivo para noticias y comentarios.

Resultaría como de mal gusto reclamar atención para decirles a los “cirujanos”, que el hambre en Guatemala, el Sida, esto otro, o lo de más allá, esperan también su atención en un momento en que están concentrados con lo que se reconoce como el problema principal que afecta a la humanidad.  Un piadoso cobertor se ha extendido sobre esas otras cuestiones que también han de reclamar atención a su tiempo.  Sólo es de desear que, de verdad acierten y descubran cual es el mejor tratamiento, y curado este álgido problema, un nuevo orden mundial permita ir resolviendo con acierto el resto de los problemas.

Hasta el “11S”, el ciberespacio vivía un tanto mirándose el ombligo, sorprendido de su misma existencia, atravesando la famosa y postergada crisis “punto com”,  pergeñando posibles soluciones y tratando casi de sobrevivir.  Ahora las vacas flacas ya no son solo para este medio, las compañías de seguro, y las de aviación entre otras, parece atravesar peores circunstancias aún.  Nadie ha soltado dólares, ni rebajado tasas de interés, para que sobreviva la red de redes.

Internet no ha experimentado una hecatombe, no se han producido bajas masivas, sino al contrario.  Se ha intentado incluso ver “para qué” sirve en casos de emergencia como los que se atraviesan.  Ha sido evidente que la imagen trasmitida por televisión sigue siendo el medio más poderoso de comunicación, aún con todas sus manipulaciones.  Quien dejara de mirar el once-de-septiembre el televisor por un momento, y acudiera a la red, se vio defraudado, y la imagen ardiendo y derrumbándose de las torres, o la espesa humareda sobre Manhattan, captaba toda la atención.

Se ha recapitulado después, que ha prestado una gran ayuda para la localización de personas desaparecidas, incluso para denostable comunicación de los terroristas o vigilancia de sus conexiones.  Un inocente cibercafé donde se adiestraba a internautas, de Paris, se ha dicho que era la tapadera del jefe de comunicaciones informáticas de Ben Lader.

Pero hay algo en lo que prácticamente ha sido única; en la visión con humor de todo lo sucedido, con mayor o menor fortuna, con gusto discutible o macabro, pero siempre destranscendentalizando.  Lo que no se contaba en telediarios u otros medios, ha sido raro el día en que no llegara sorprendentemente a través del correo electrónico en forma de mensajes de “humor”; desde que un “tal-Iván” era el autor del atentado, hasta la redominación del jeroglífico de la toponimia de Asia Central, Akistan (Afghanistán), Mejorkenostan (China), Paicekenostan, Tampokostán, etc.

El sentido del humor es una manifestación del afán de supervivencia del hombre aún en circunstancias extremas, y es síntoma de fe en el futuro mejor, de un porvenir optimista.   Tal vez con esto la red se ha justificado en su existencia, y dicho sea sin ánimo de escandalizar a circunspectos, sino a favor de la libertad de expresión.  La vida ha encontrado en el ciberespacio su válvula de escape optimista, aunque haya gentes que la miren con reconvención y con el dedo índice sobre los labios silbantes, digan: Chisssssssssss, no es momento de chistecitos...

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