Solidaridad, antiguo recurso de actualidad

“Terrorismo, droga, sida, y catástrofes -naturales o por accidente-, son desastres contemporáneos que afectan a los moradores de la aldea -residan donde residan-, y cualquiera que sea su nivel de desarrollo. A todos incumben; imposible declararse al margen, o mirar hacia otra parte pensando “no es mi problema”, o  “bastante tengo con lo mío para ocuparme de lo de los demás”.  La milenaria parábola del Buen Samaritano, cobra actualidad.  No cabe la excusa de que “algo” más importante reclama en otra parte con apremio, ni siquiera el servicio del Templo.  Así lo enseña.

La señora Thatcher, ex-primer ministra de Reino Unido, dijo no hace mucho: No se olvide que el buen samaritano ha pasado a la historia porque tenía dinero.  La desfachatez sonroja, porque el ingenio de esta frase proviene del culto idolátrico al acopio de recursos propios, retirándolos de la mesa de juego donde todos participan de la misma partida.  Aquel samaritano disponía de medios para atender a un  “malherido”, pero sobretodo, demostró su disposición ante el prójimo: lo trató como hubiera querido que le tratasen a él.  No hay que tener millones para unirse a una catástrofe; desde una pluma de escribir hasta una pala de desescombrar, igual sirven para arrimar el hombro.

Una conocida psicóloga colombiana, y lectora, opina hoy que: Droga, Terrorismo y  Sida, son tres eslabones fuertemente adheridos.  La droga es para quienes la consumen una sustancia que deteriora el organismo, y por satisfacer la demanda se crea un gran descalabro de orden social, político y económico; es un corrosivo lento que causa daños difíciles de reparar. Muchos han opinado que la droga debe ser legalizada en Colombia; es un debate constante entre todos y se ha convertido en una piedra en el zapato para algunos, pero intereses subterráneos hacen que cualquier objeción sea callada. La droga conduce a comportamientos alterados, es por ello que nada hay estable en sus relaciones y busquen emociones más fuertes. Pero eso no es todo, el que trafica con droga, trafica con sexo, y con terrorismo, a través de la delincuencia. La lucha contra la Droga no es para un solo lado sino para dos.

No cabe refugiarse en creer que las estructuras oficiales y organizaciones internacionales tienen la palabra, porque son ineficaces por insuficientes.  Cuesta de justificar la inhibición individual.  Un ejemplo elemental lo proporcionan unos individuos no racionales de la Naturaleza, como son las aves migratorias en sus desplazamientos. Observando su puntual vuelo al término de cada estación, llama la atención su formación en “uve”, que no es arbitraria, ni pretende aleccionar humanos, porque ni saben que se les ve, ni habiendo escuchado tantas lecciones, la humanidad parezca estar dispuesta a instruirse en algo más.  La autosuficiencia del hombre es manifiesta, y la prepotencia arrasa entre tanta referencia informativa acerca del comportamiento humano no solidario.  Sigue prevaleciendo el más fuerte, y los demás que se las compongan..., que se atengan a la débil circunstancia de su condición...

¿Qué consiguen las aves con esa disposición en uve?.  La bandada aumenta en 70% el alcance del vuelo en relación a lo que conseguiría un pájaro volando solo.  Con la misma dirección y sentido, el grupo llega antes y más fácil a su destino.  En sintonía y unidos, el esfuerzo es menor y resulta más sencillo alcanzar las metas.  Cuando el que va en cabeza se fatiga, otro toma su lugar; compartir liderazgos y trabajos, alternar dones, talentos y recursos, resulta imprescindible para objetivos comunes.  Pese a su altura de vuelo, se les oye graznar con vigor y persistencia; es su forma de dar coraje y aliento a quienes van delante y así mantengan la velocidad del grupo.  Jalearse es bueno; siempre ha existido la figura del compañero que anima a quien realiza un esfuerzo en solitario. Una palabra de ánimo a tiempo, motiva, ayuda, da fuerzas y mejora los resultados. 

En ocasiones se ve un pequeño grupo -generalmente de tres-, que vuela rezagado; uno de ellos, por lo que fuere -¿una perdigonada desaprensiva?-, se ha sentido débil, y al perder su lugar, dos de ellos -uno delante, y otro atrás-, le “arropan” y dan tiempo para que pueda recuperarse, o morir, hasta volver a su lugar. Si el espíritu de equipo es real, si pese a diferencias se comportan los seres humanos como grupo avenido, afrontarán con ventaja cualquier adversidad.  Siendo capaces de compartir, resulta evidente que esta vida, esa “pendejada tan seria” que decía Epifanio del Cristo Martínez -el inolvidable Caballo Viejo-, será más simple y de mayor alcance.   No son de envidiar esas aves, su vida está a merced de calamidades mayores que la del ser humano, pero siendo un “pelín” objetivos, ¡hay que aprender de ellos!

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