Casi, casi le sale bien a Zapatero

Y, de pronto… salió por los toriles escarbando y bufando el berrendo de la Economía. Esta metáfora viene a cuento de las acrobáticas payasadas y avatares que Rodríguez Zapatero viene ofreciendo ante las gradas del espectador objetivo desde que ocupa, democráticamente, la Presidencia del Gobierno de España y con el fin de sostenerse en ella.

 Conocido es la semejanza que, desde sus primeras actuaciones en tan alto cargo, se le aplicó con Don Tancredo. Un zapatero –curioso, ¿no?- valenciano, de finales del siglo XIX, que, para mantener su familia se hizo torero según un particular estilo por él inventado, muy alejado de las normas clásicas del toreo y que le hizo famoso. De ahí, el “tancredismo” como actitud ante la vida y en cualquier clase de acontecimientos. Consistía, tal modo, en permanecer impasible en mitad del ruedo y sobre un pequeño pedestal, “convencido” de que el cornúpeta si no se le provoca, no ataca.

 De alguna manera, aquel remedo del “arte” se sustentaba en “ignorar” la presencia e intenciones del toro en la plaza. Se adelantó a la recomendación, tan actual, y tan utilizada como políticamente correcto, de que “no se debe hacer juicio de intenciones”. Allá ellos y la “intención” que lleven detrás de tal argumento dialéctico. ¿Es que a estas alturas de la Historia de España se puede desconocer la fiereza del toro de las ganaderías dedicadas desde hace siglos a criar animales cada vez más bravos y de contundente embestida? En una entrevista concedida a Luis del Olmo, Zapatero ha ejercitado su “tancredismo” de equivalente modo al que viene ofreciendo ante el “respetable” desde marzo de 2004. Impasible, y con los brazos cruzados –nunca mejor dicho-, reconoció que "No estamos en una crisis económica, tenemos alguna dificultad que nos viene de fuera" Es decir, que no existe tal toro, sino que es uno que han traído desde lejos; asombroso.

 Y, a continuación, da otro de sus impasibles pases ante la embestida del crecimiento del paro en nuestro país ignorando que existan parados: "Son personas que se han apuntado al paro, que no es lo mismo, porque al paro se apuntan personas permanentemente en busca de empleo" ¿Se acepta la inscripción como “parado” de alguien que está colocado? De pasmo. Estos son los últimos botones de muestra de la imitación política de Don Tancredo, que, en su tiempo, llegó a gozar de cierta fama, y fue contratado en distintas plazas durante unos años.

 Aspecto en el que no resulta equiparable a Zapatero, que ha provocado el tedio, y en consecuencia, la indiferencia. Incluso los espectadores de Cuba, poco antes de su Independencia, pudieron disfrutar de los escándalos que con su presencia en la arena acarreaba el de la ciudad del Turia. Más, alecciona seguir hasta el final la “carrera” del zapatero valenciano. El hombre se hizo popular y ganó dinero -faltaría más, la llamada “fiesta nacional” es, sobre todo, espectáculo-, hasta que una calurosa tarde de festejo, entre el público que demostraba su disconformidad del modo habitual ante tal comportamiento –ya se sabe… unos en su padre, y otros en su madre-, surgió lo imprevisto.

 Al acostumbrado lanzamiento de almohadillas, que junto a los aplausos cosechaba habitualmente, algún gamberro, algún “violento” que se diría ahora, en su Valencia natal, irritado, le lanzó un pesado orinal de loza que para tal intención había llevado consigo. El objeto dio de lleno a Don Tancredo en la sesera y, desgraciadamente, hizo necesario su ingreso en el hospital donde fallecería horas después por un traumatismo cráneo-encefálico cerrado. Si no es por ese energúmeno, las cosas casi, casi le hubieran salido bien.

 ¿Será la economía el equivalente del orinal?, como “se dice que le dijo” Bill Clinton a Bush padre, al derrotarlo en las elecciones.

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