Movimiento de población y supervivencia

EL FENÓMENO MIGRATORIO, por antiguo y con todas sus consecuencias, es, en cierto modo, un problema de perspectiva. Depende de la óptica con que se mira; si es con vista miope se suele estrellar ante cada obstáculo, que siempre parece inmenso, porque no aprecia la perspectiva favorable que, también, de él se deriva.

 El aislamiento siempre ha sido una política peligrosa que conduce, entre otras cosas indeseables, a la perniciosa endogamia. LA SEMANA PASADA, “THE TIMES” se hacia eco de estos desajustes en la Gran Bretaña, que lleva años absorbiendo población proveniente de sus antiguas colonias. Es el país que con mayor reticencia contempla la integración europea, pero aún así, los motivos del Gobierno para acoger a los recién llegados se basan en las evidentes estadísticas demográficas. Gran Bretaña no puede ignorar esta cuestión en el próximo futuro, y ha de aceptar a quienes desde Europa oriental quieren emigrar en dirección oeste.

 
 De manera progresiva, la Unión Europea ha otorgado a los diez nuevos países que serán integrados, los derechos laborales equivalentes al resto de ciudadanos. Las cuestiones que de ello se derivan son múltiples e imposibles de contestar, aunque se valoren los antecedentes que lleva recorridos desde sus inicios de integración. Que un país prospere con profesionales formados a expensas de otros presupuestos, parece delicado y cuestionable, pero la “fuga de cerebros”, en este caso, no resulta tal, sino que los reubica en donde mayor pueden ser su rendimiento. Abriendo el “zoom” a escala continental, da lo mismo que un físico trabaje en Bratislava, que en Leeds, si resulta mejor para todos.

 ¿Aceptará la sociedad británica la presencia de “extranjeros” en sus más cualificadas instituciones, o sencillamente entre la vecindad, o en el colegio de los hijos? La experiencia en el resto de Europa viene demostrando que si, aunque se anoten asperezas xenófobas; cada vez menores por la progresiva absorción y mezcla de costumbres y etnias. Tan sólo es cuestión de tiempo. 
La inmigración inicial predominante suele ser de “mano de obra”, pero, a medio plazo, también es emprendedora, y contribuye en incalculable proporción al progreso económico del país receptor. La panorámica actual de la Aldea está llena de países así construidos.

 Por otra parte, en sociedades desarrolladas, la demografía tiende a estacionarse hasta extremos de peligrar su supervivencia, y “envejecen”, por lo que esa mano de obra resulta indispensable; los hospitales y servicios sociales con clientes cada vez mayores, buscan médicos, enfermeras, y auxiliares; los agricultores precisan brazos fuertes; y los hogares, niñeras o “canguros”. Debería, pues, acogerse positivamente a quienes no realizarán únicamente el trabajo, sino que además lo harán con espíritu de colaboración.

 

Algunas consecuencias se resuelven sobre la marcha, mientras otras, necesitan tiempo para solventarse. Las leyes de inmigración intentan regular estos flujos, aunque las cuentas no sean sencillas ni claras, porque si el trabajo de los inmigrantes resulta atrayente para los empresarios, no lo es tanto para los contribuyentes que han de financiarles escuelas, hospitales y ayudas sociales. Y los trabajadores nacionales de menor cualificación, sufren los efectos de la competencia de los inmigrantes que reduce los niveles salariales.

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