Ciberespacio y Peter Pan

Los dos o tres lectores, de entre los miles de suscriptores, “Para estar al día de lo que realmente importa”, que conozcan esta columna de actualidad, si hacen un poco de memoria, saben que, de vez en cuando, aparecen alusiones acerca del mundo de Peter Pan –no el de Disney, sino el de la obra de J.M.Barrie- (remachando). 

Es como si ese pequeño personaje, vestido de foresta, hubiera sido un anticipo ideado a principios del siglo pasado, de lo que iba a ser el Ciberespacio. Igual se encuentra en Londres en la casa de los Darling, que surca fugaz el espacio y se planta en Nunca Jamás. Exactamente como en internet, que desde las cuatro paredes de nuestro habitáculo, se llega en segundos a Cartagena de Indias, por ejemplo, y se puede pasear entre las fortificaciones que los españoles dispusieron durante el virreinato, contra los desalmados piratas caribeños. 

Igual se pueden leer las andanzas y enseñanzas del representante en la tierra del Gran Padre Blanco cada miércoles; que las regañinas del Arzobispo Arizmendi al travieso subcomandante; o respirar la frescura de aquellos tiempos jovencísimos del cristianismo en los textos de San Basilio de Nicea, y resto de padres, tan difíciles de acceder hasta ahora; o en otro rincón, ver a Simeón que se ha pasado la vida sacando brillo a la corona, y ahora sólo se pondrá la chistera.

 Es un espacio con hadas y sirenas: Lourdes con sus sustos, Guadalupe incisiva señalando que los indios mexicanos siguen solos, o Rosalía ilustrándonos desde Tor Vergata acerca de la bioética. Sirenas con sus peligrosos cantos y en su cruda realidad –Ulises hubo de atarse al barco para no saltar tras ellas-, tal y como las inventó la mitología, no las bellezas mitad mujer y mitad pez, en que se transformaron a partir de la Edad Media, y que ahora tienen el aspecto de miles de sitios marcados “for adults, only”. 

El afán mercachifle de hacer dinero fácil, las ha colocado allí; cosa que según los últimos estudios, hasta hoy han sido un fracaso de expectativas y ninguno se ha forrado. Niños que el caerse de sus cochecitos, y no reclamarlos nadie en siete días, son llevados por Peter Pan-ONG al país de Nunca Jamás. Allí los defiende de indios –que siempre atacan al amanecer-, y de piratas conducidos por el patético Garfio, que nunca se sale con la suya. Además de no llegarle la camisa al cuerpo al oír el tic-tac del cocodrilo, que ya ha probado su carne y añora el resto. Es decir, como les ha sucedido a aquellos astutos inversores, también por ejemplo, que compraron Patagon por noventa mil millones de pesetas, y ahora vale sólo nueve mil; se han ido pies en polvorosa, dejando en “stand by” a miles de valerosos “emprendedores”. 

Existe también una Madre, con mayúscula, como la que tiene el mundo ciberespacial, variopinta, pero siempre la misma; sólo hay que ver la de webs que ha puesto la gente dedicadas a sus patronas, desde Guadalupe o Chiquinquirá, hasta el Rocío o Torreciudad. Y además otra madre con minúscula –todas se parecen-, comprensiva, discreta, callada y paciente, que asocia talón de calcetín con agujeros que zurcir, aunque ahora los ocho niños de Lourdes Rivero los deben utilizar de fibra y ya no dan el mismo trabajo. 

Y están otras muchas hadas, porque niñas no había en Nunca Jamás; ¿por qué?, porque las niñas son demasiado listas como para caerse de sus cochecitos, y por eso hace tanta falta la presencia femenina en la red. Como Campanilla, son vivarachas y escudriñadoras, y saben seleccionar lo que nos conviene saber, igual que Almudena, y algunas en su feminidad a veces se sienten contrariadas, fruncen el ceño disimulando y no contestan a los correos corteses de disculpas y admiración. El ciberespacio es la libertad; nunca hasta ahora en la historia del hombre ha estado tan fácil dejar de ver, o de estar, en lo que uno no quiere o no le gusta, basta un click. Al igual que en el espacio sideral no existe la fuerza de gravitación.

 El aire no ofrece resistencia. Ocurre que en internet sobran intenciones y falta pensamiento, por eso se ha podido confundir o menospreciar su imagen atrayente; es un territorio por descubrir, estamos a tiempo, y siguiendo a Peterpán será un espacio habitable donde estar, ahora aquí, y luego allí. Mientras, sesudos y jóvenes expertos lo ponen todo cada vez más fácil, neutralizan virus, y nos aconsejan acerca de darle al “save”, siempre, antes de que un inoportuno apagón borre el trabajo hecho, por ejemplo.

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