Apagones eléctricos en países desarrollados

NUNCA ESTÁ BIEN ALEGRARSE DEL MAL AJENO, no es de bien nacidos, pero resulta inevitable un suspiro de alivio al comprobar que las contrariedades también han de ser soportadas por los habitantes de aquellos barrios de la Aldea reconocidos por su alto desarrollo. En el año 2003, y en un periodo de un mes y medio, el mundo experimento cuatro grandes “apagones”, cuatro inesperadas suspensiones del suministro de energía eléctrica.

 Este servicio es de primer orden, y de la máxima necesidad, ya que todo funciona con electricidad --casi todo, porque afortunadamente los aviones en vuelo no se sostienen por ninguna clase de cable eléctrico, por ejemplo--. El hecho es que la vida normal del ciudadano, que tanto de por sí cuesta sobrellevar, se desenvuelve alrededor de un interruptor que suministra o suspende el milagroso fluido eléctrico, y que lo mismo hace funcionar el despertador matutino, que la incandescente lámpara que se apaga para conciliar el sueño.

 Claro, también hay que precisar, que, en aquellas zonas de la Aldea adonde llegan los tendidos eléctricos; lo dicho, las avanzadas. Desarrollo y electrificación van parejos, y no se diga la comunicación; si la globalidad es un concepto alcanzado por las conexiones, ¿qué instrumento funciona sin energía eléctrica? Las palomas mensajeras, y los reflejos por medio de un espejo, por citar antecedentes, ya han sido arrinconados, y no se diga de las columnas de humo de los apaches, o el sonido etéreo de los “tantanes” en el Africa misteriosa... ESTOS CUATRO GRANDES APAGONES, y sus consecuencias, para variar, no han ocurrido en áreas subdesarrolladas del tercer mundo; los han padecido ciudadanos del mejor de los “mundos”.

 Primero fue Norteamérica, el 14 de agosto del 2003, después Londres, Escandinavia, y por último el norte de Italia, con lo que se han puesto en tela de juicio todas las redes eléctricas de los “encumbrados” de la Aldea. ¡Menos mal! Se puede exclamar, menos mal que no han afectado como tantas otras desgracias, a Latinoamérica, ni Africa, ni en la India, ni al sudeste asiático. La tecnología ha sido más benevolente con los menos pudientes de lo que suelen ser las fuerzas de la naturaleza. En Estados Unidos y Canadá, se produjo el mayor corte de electricidad en la historia de América del Norte.

 Ciudades como Nueva York, Detroit, Cleveland, Toledo, Ottawa o Toronto se vieron sumidas en el caos y más de 50 millones de personas se quedaron sin electricidad hasta por un lapso de tres días. Esto, ha generado numerosas críticas a la superpotencia estadounidense y su inestable sistema de energía. DESPUÉS FUE LONDRES, el 28 de agosto, y cientos de miles de personas se las tuvieron que arreglar sin electricidad en la capital británica y en el sureste de Inglaterra durante 34 minutos. Hasta 1.800 trenes suspendieron sus servicios.

 El corte de luz se produjo por un “fallo” en un transformador de la red nacional de suministro eléctrico. El 23 de septiembre, Dinamarca y Suecia sufrieron de un corte de electricidad que sumió en el caos a tres millones de personas del sur de Suecia y toda la región oriental de Dinamarca, incluida su capital. FINALMENTE, por ahora, ha sido el norte de Italia, conectado a otras redes de la modélica Suiza, el que se quedó sin energía por la “caída” de un simple árbol de pequeña dimensión. ¿Qué se diría si los afectados hubieran sido del cono sudamericano? O en Centroamérica...

 Todo organismo vivo tiene su tendón de Aquiles. No valen petulancias ni arrogantes presuposiciones. Afortunadamente, y por aquello de que no es bueno alegrarse del mal ajeno, las consecuencias de estas averías no han tenido las consecuencias de un huracán, ni de una pertinaz sequía, ni del precio del café... Sin embargo, por algo dice la conocida sentencia: En todas partes cuecen habas...

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