Tiranías "horteras" de opinión

Acerca de “lo” que se considera políticamente correcto se ha echado a temblar este columnista en ocasiones. Sin duda debe cuidarse la corrección, pero en su sentido estricto, como cortesía o educación, es decir, comportamiento conforme a las normas del trato social. 

Sin embargo cuando se utiliza en sentido genérico, como si existieran reglas universales para cada cuestión, raya en la tiranía ilustrada al alcance de cualquier hortera (término que se aplica desde el siglo XIX y con el que el Diccionario define a “quien imita con sus ademanes lo que no es”). Actitud muy extendida en nuestros días. Veamos algunos ejemplos.

 No es correcto opinar a favor de los palestinos, sin caer con ello en la aprobación del antisemitismo. Hay que cuidarse de enjuiciar al gobierno norteamericano y en especial a su presidente, para no ser encasillado en el izquierdismo recalcitrante y obsoleto. Del mismo modo, estar de acuerdo con la globalización, es que desde la izquierda, ya no tan “divina”, tachen de conservadurismo contumaz a quien lo haga.

 Por el contrario, expresarse en contra de ella, es colocarse en la caravana multicolor de los globalifóbicos de Porto Alegre. Se puede opinar en contra del aborto, pero se sitúa automáticamente en el integrismo oscurantista. Y para muestra, sobran. ¿No son tiranías de opinión? ¿Dónde está un mínimo de tolerancia para escuchar o leer algo que simplemente contraría (que en el fondo “jode”)? Se comprende que en el ámbito del trato social, oler a sudor –cantar axilas o pies- no es correcto; fumar, o llevar el cigarro encendido, tampoco; poner los pies encima de la mesa, menos; marchar sin despedirse, una ordinariez; dejar el paso a una señora, o cederle un asiento, cada vez es más discutible por aquello de la igualdad de sexos, a menos que se encuentre en estado de buena esperanza, y se note (una guapetona pedía el asiento al día siguiente de que el predictor se lo confirmase -¡!-).

 Pero ¿de dónde esa actitud ante normas sociales son aplicables al ámbito general? Transformar lo opinable en verdades inamovibles porque convenga, es de horteras, ya que sólo la Iglesia tiene potestad de declarar dogmas de fe, y eso para los creyentes que se quieran salvar, los demás pueden pasar de ellos, y en rigor racionalista digamos que la Ciencia aporta algunos principios inamovibles, al menos hasta que se descubren otros que los remuevan. Se puede opinar que los palestinos tengan su razón, renegando a la vez del antisemitismo y del holocausto. Es posible criticar la prepotencia norteamericana, y sus consecuencias filiales, CIA, FBI, etc. sin tener que ver con el socialismo materialista.

 Se puede comprender la tragedia de la mujer que aborta, sin estar de acuerdo con victimar a un indefenso. Estar con la globalización, también es pensar que se hace mal si con ello se busca el beneficio de unos pocos. 

Y estar en su contra, no es apuntarse al aldeanismo ramplón. La tolerancia es una norma correcta donde las haya, y obliga a prescindir de esas injusticias en la apreciación de algo que, en definitiva son prejuicios personales, es decir lo menos adecuados para un comportamiento social correcto.

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