.... y no se marcho

Han pasado poco más de cinco meses. Mi padre se quedó escribiendo en su habitación…  y no se marchó. 

De vez en cuando baja para acariciar la mejilla de mi madre cuando ella ya no puede más y se lo pide, otras veces se asoma a mirar el valle del mundo, el lugar donde habitamos nosotros,   y entonces escucha las palabras que no pronunciamos… 

Ahora mi padre es un mago: nos da aliento cálido si tenemos frío o estamos cansados, por una lágrima que le damos él nos regala una flor, dibuja palabras en el cielo “no hay nada que temer, la vida irá bien” Él lee estos mensajes antes si quiera de haber sido escritos. 

Mi padre se quedó escribiendo en su habitación y no, no se marchó.

Marián Martínez-Osorio del Rio

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