
Actualizando, entre todos, la bondad de la creación
Querido Efraín: Completamente de acuerdo en que cuesta entender tanta desavenencia como tú mismo aprecias entre los hombres de la sociedad actual. No pienses que rebata argumentos que, por descontado, sé que provienen de un afán crítico para alcanzar respuestas que mejoren el futuro.
Permíteme, en cambio, plantear algunas cuestiones para que actualicemos, unos con otros. “la bondad de Dios”. Reconoce de dónde te viene que existas, que tengas vida, inteligencia y sabiduría, y, lo que está por encima de todo, que conozcas a Dios, tengas la esperanza de los cielos y aguardes la contemplación de la gloria (ahora, ciertamente, de forma enigmática y como en un espejo, pero después de manera más plena y pura); reconoce de dónde te viene que seas hijo de Dios, coheredero suyo, y, dicho con audacia, que seas, incluso, convertido en Dios.
¿De dónde y por obra de quién te vienen todas estas cosas? Limitándonos a hablar de las realidades pequeñas que se hallan al alcance de nuestros ojos, ¿de quién procede el don y el beneficio de que puedas contemplar la belleza del cielo, el curso del sol, la órbita de la luna, la muchedumbre de los astros y la armonía y el orden que resuenan en todas estas cosas, como en una arpa guaraní? ¿Quién te ha dado la lluvia, la agricultura, los alimentos, las artes, las casas, la sociedad, y una vida grata a nivel humano, así como la íntima amistad, o la familiaridad de aquellos con quienes te une estrecho parentesco? ¿A qué se debe disponer de animales, en parte como inestimable ayuda doméstica, y en parte como alimento? ¿Quién ha constituido al hombre como dueño y señor de todas las cosas que hay en la tierra? ¿Quién te ha otorgado --para no hablar de cada cosa una por una--, todo lo que te hace estar sobre los demás seres vivientes? ¿Acaso no ha sido Dios, el mismo que ahora solicita tu benignidad, por encima de todas las cosas y en lugar de todas ellas? ¿No habríamos de avergonzarnos, nosotros, que tantos y tan grandes beneficios hemos recibido o esperamos de él, si ni siquiera le pagáramos con esto, con nuestra benignidad? Y si él, que es Dios y Señor, no tiene a menos llamarse nuestro Padre, ¿vamos nosotros a renegar de nuestros hermanos? No consintamos administrar de mala manera lo que, por don divino, se nos ha concedido, para que no tengamos que escuchar aquellas palabras: “Avergonzaos, vosotros, que retenéis lo ajeno; proponeos la imitación de la equidad de Dios, y nadie será pobre”.
No nos dediquemos a acumular y guardar dinero, mientras otros tienen que luchar en medio de la pobreza, para no merecer el ataque áspero y amenazador del profeta Amós: "Escuchad, los que decís: ¿Cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el Sábado para ofrecer el grano?" Imitemos la suprema y primordial ley de Dios, que hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir igualmente el sol para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a disposición de todos sus habitantes; el aire se lo entrega a las aves, y el agua a los que viven en ella, y a todos da con abundancia para su existencia, sin que haya autoridad que los detenga, ni ley que los circunscriba, ni fronteras que los separen.
Lo entregó todo en común, con amplitud y abundancia, y sin deficiencia alguna. Así es como enaltece la uniforme dignidad de la naturaleza, con la igualdad de sus dones, y pone de manifiesto las riquezas de su benignidad. Sólo el hombre que ignora, por torcidas apetencias, estas y muchas más --pero equivalentes-- reflexiones, es el responsable de tanto enredo y confusión. Si entre todos actualizamos la bondad de Dios, no te quepa la menor duda de que con su ayuda, que no ha de faltarnos, todo irá mejor. Hoy no te pido perdón por el “sermoncito”, son cosas que conozco y me gusta repetir en voz alta. ¿Será la edad? Espero que la camioneta siga funcionando aunque renquee; a ver si los gringos “dejan de dar atole con el dedo”. Besos para LF, y saludos para toda la familia, CTA