
Mejor callar y obrar que hablar sin hacer nada
Querido Efraín:
Hemos de reunirnos con frecuencia para celebrar la acción de gracias y la alabanza divina. Cuando los cristianos se agrupan con asiduidad en un mismo lugar, se debilita el poder de Satanás, y la concordia en la fe le impide causar mal alguno. Nada mejor que la paz, que pone fin a toda discordia en el cielo y en la tierra.
Nada de esto es desconocido si se mantiene de modo perfecto -en Jesucristo-, la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin es la caridad. Cuando ambas virtudes van a la par se identifican con el mismo Dios junto a todo lo demás que contribuye al bien obrar y que se deriva de ellas. El que profesa la fe no peca, y el que posee la caridad no odia.
Por el fruto se conoce al árbol; y del mismo modo, los que hacen profesión de pertenecer a Cristo se distinguen por sus obras. Lo que nos interesa, más que hacer una alarde de fe, es mantenernos firmes en ella hasta el fin. Es mejor callar y obrar que hablar y no hacer nada. Buena cosa es enseñar, si el que enseña también obra. Único es el maestro que lo dijo y que existió. Pero también es digno del Padre lo que enseñó sin palabras.
El que posee la palabra de Jesús es capaz de entender lo que enseñó sin palabras, y llega así a la perfección; obrando según lo que habla y dándose a conocer por lo que hace sin hablar. Nada hay escondido para el Señor, y nuestros secretos más íntimos no escapan a su presencia. Obremos; pues, siempre conscientes de que él habita en nosotros, para que seamos templos suyos y él sea nuestro Dios en nosotros, tal como es en realidad y tal como se manifestará ante nuestra faz; por esto, tenemos motivo más que suficiente para amarlo. Los que perturban a las gentes no heredarán el reino de Dios.
Ahora bien, si los que perturban el orden material son reos de culpa, ¿cuánto más los que corrompen con sus falsas enseñanzas la fe que proviene de Dios, y por la cual fue crucificado Jesucristo? Estos tales, manchados por su iniquidad, irán al fuego inextinguible, como también los que les hacen caso. Para esto el Señor recibió el ungüento en su cabeza, para infundir en sus creyentes la incorrupción.
No os unjáis con el repugnante olor de las enseñanzas del príncipe de este mundo, no sea que os lleve cautivos y os aparte de la vida que se nos ha prometido. ¿Por qué no somos todos prudentes, si hemos recibido el conocimiento de Dios que es Jesucristo? ¿Por qué nos perdemos neciamente, no reconociendo el don que en verdad nos ha enviado el Señor? El sacrificio expiatorio de la cruz –las horas difíciles-, que para los incrédulos es motivo de escándalo, para nosotros es la salvación y la vida eterna.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis bien, recibir un cariñoso saludo, CTA
