
La Fe realiza obras que superan las fuerzas humanas
Querido Efraín:
La fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas. Hay una fe por la que creemos en los fundamentos revelados, y que exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a determinadas verdades; esta fe es necesaria, como lo dice el mismo Jesús: “Quien escucha mi palabra y cree al que me envió, posee la vida eterna y no se le llamará a juicio”; y añade: “El que cree en el Hijo de Dios no está condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida”. ¡Que gran bondad de Dios para con los hombres! Los justos del Antiguo Testamento, ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando para este fin los prolongados años de su vida; mas lo que ellos consiguieron con su esforzado servicio de muchos años, eso mismo, Jesús, te concede a ti realizarlo en un instante.
Si, en efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos, conseguirás la salvación y serás llevado al paraíso por aquel mismo que recibió en su reino al Buen ladrón. No desconfíes ni dudes de si ello va a ser posible o no: El que salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una sola hora de fe, él mismo te salvará también a ti si creyeres.
La otra clase de fe es aquella que Cristo concede a algunos como don gratuito: Uno recibe del Espíritu Santo hablar con sabiduría; otro, el hablar con elocuencia. Hay quien recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. Esta gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en una fe dogmática, sino también en esta otra fe capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene esta fe podrá decir a una montaña que venga aquí, y vendrá.
Cuando uno, guiado por esta fe, dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe. Es de esta fe de la que se afirma: “Si fuera vuestra fe como un grano de mostaza”... Porque así como el grano de mostaza, aunque pequeño en tamaño, está dotado de una fuerza parecida a la del fuego y, plantado aunque sea en un lugar exiguo, produce grandes ramas hasta tal punto que pueden cobijarse en él las aves del cielo, así también la fe, cuando arraiga en el alma, en pocos momentos realiza grandes maravillas.
El alma, en efecto, iluminada por esta fe, alcanza a concebir en su mente una imagen de Dios, y llega incluso hasta contemplarlo en la medida en que ello es posible en esta vida terrena; le es dado recorrer los límites del universo y ver, antes del fin del mundo, el juicio futuro y la realización de los bienes prometidos. Procura, pues, llegar a aquella fe que de ti depende y que conduce al Señor a quien la posee, y así te dará también aquella otra que actúa por encima de las fuerzas humanas.
Os envío mis mejores deseos, y tengo la esperanza de que todos sigáis bien. Recibir un cariñoso saludo, CTA
