Renacer para la Inmortalidad

Querido Efraín: 

Es hora de comenzar a seguir, de cerca, la vida de Jesús; la Palabra hecha hombre, en el comienzo de su andadura pública, tras los años transcurridos en el seno de la Sagrada Familia, como niño, adolescente y joven, tal y cómo sucede en la vida de cualquier hombre. Jesús fue a donde Juan y recibió de él el bautismo como uno más. Cosa realmente admirable porque Quien era la corriente inextinguible que alegra la ciudad de Dios es lavada con un poco de agua. 

La fuente inalcanzable que hace germinar la vida para todos los hombres y que nunca se agota, se sumerge en aguas pequeñas y temporales. El que se halla presente en todas partes y jamás se ausenta, el que es incomprensible para los ángeles y está lejos de las miradas de los hombres, se acercó al bautismo cuando él quiso. Se abrió el cielo, y vino una voz del cielo que decía: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto." El amado produce amor, y la luz inmaterial genera una luz inaccesible: "Éste, el que se llamó hijo de José el carpintero y de María, es mi Unigénito según la esencia divina. Este es mi Hijo, el amado: aquel que pasó hambre, e hizo que comieran innumerables multitudes; que trabajaba, y confortaba a los que trabajaban; que no tenía dónde reclinar su cabeza, habiéndolo creado todo con su mano; que padeció, y curaba todos los padecimientos; que, maltratado recibió bofetadas, y dio al mundo la libertad; que fue herido en el costado, y curó las heridas de los hombres”. 

Pero préstame cuidadosamente atención: quiero acudir a la fuente de la vida, quiero contemplar contigo esa fuente medicinal. El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Hijo, Palabra inmortal, que vino a los hombres para lavarlos con el agua y el Espíritu: y, para regenerarnos con la incorruptibilidad del alma y del cuerpo, insufló en nosotros el espíritu de vida y nos vistió con una armadura incorruptible. Si, pues, el hombre ha sido hecho inmortal, también será Dios. Y si se ve hecho dios por la regeneración del baño del bautismo, en virtud del agua y del Espíritu Santo, resulta también que después de la resurrección de entre los muertos será coheredero de Cristo. 

Por lo cual, grito con voz pregonera: Venid, las tribus todas de las gentes, al bautismo de la inmortalidad. Ésta es el agua unida con el Espíritu, con la que se riega el paraíso, se fecunda la tierra, las plantas crecen, los animales se multiplican; y, en definitiva, el agua por la que el hombre regenerado se vivifica, con la que Cristo fue bautizado, sobre la que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma. Y el que desciende con fe a este baño de regeneración renuncia al eternamente maldito y se entrega a Cristo, reniega del enemigo y confiesa que Cristo es Dios, se libra de la esclavitud y se reviste de la adopción, y vuelve del bautismo tan espléndido como el sol, fulgurante de rayos de justicia; y, lo que es el máximo don, se convierte en hijo de Dios y coheredero de Cristo. A él la gloria y el poder, junto con el Espíritu Santo, bueno y vivificante, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

 Así es, y así será por los siglos de los siglos. Afectuosamente, CTA

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