
La sabiduría ajea de la necedad
Querido Efraín:
Hay que esforzase para obtener la Sabiduría, ya que afirma de sí misma: los que trabajan para alcanzarme no pecarán. El campo de labor es el mundo --nos dice quien es la Verdad--; cavemos en este campo, en él se halla escondido un tesoro que desenterrar.
Tal es la sabiduría, que ha de ser extraída de lo oculto. Pero, si en mis deseos no encuentro la sabiduría –me dices--, ¿dónde la hallaré? El alma la desea, y no contenta con hallarla, quiere guardar para sí una medida generosa, colmada, remecida, y rebosante. Y con razón, porque, el que la encuentra, alcanza inteligencia. Búscala, pues, mientras puede ser encontrada; invócala, mientras la tengas cercana. ¿Quieres saber cuán cerca está? La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en tu interior; sólo a condición de que la busques con un corazón sincero. Así es como encontrarás la sabiduría, y tu boca estará llena de inteligencia.
No tengas en mucho lo que ya has alcanzado, y pierdas lo que pensabas poseer por haber dejado de buscar antes de tiempo. No hay que desistir en esta búsqueda mientras pueda ser hallada. En tres cosas se conocerá que tu boca está llena de sabiduría: si confiesas tu iniquidad, si de tu boca brotan acciones de gracias, y si de ella salen palabras edificantes. La Sabiduría, en el poder personal de Dios Padre, dispuso como casa propia todo el Universo, y también lo preparó para el hombre, que fue creado a Su imagen y semejanza, y es, por naturaleza, en parte visible y en parte invisible. De este modo, en el hombre se hallan mezclados lo espiritual y lo corporal; ese mismo Poder juntó la ciencia natural de las cosas y el conocimiento de ella. "Los faltos de juicio, que vengan a mi.
El insensato que piensa que no hay Dios, renunciando a su impiedad, acérquese a mí por la fe contrita y sepa que soy el Creador y Señor de todo". En todo momento tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia. Por esto dice la Escritura: “Hablarás de ella estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”. El Señor Jesús es la sabiduría, la palabra, y Palabra de Dios. Hablemos siempre de él. Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría; si de virtud, él es la virtud; si de justicia, él es la justicia; si de paz, él es la paz; si de la verdad, de la vida, de la redención, él es todo esto.
Está escrito: “Abre tu boca a la palabra de Dios. Tú ábrela, que él habla”. Pero no todos perciben la sabiduría en su perfección, como Salomón o Daniel; sin embargo, a todos se les infunde, según su capacidad, con tal de que tengan fe. Si crees, posees el espíritu de sabiduría. Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios estando en casa. Por la palabra “casa” se entiende nuestro interior. Recogido, habla contigo mismo.
Habla también por el camino, en Cristo, porque Cristo es el camino. “Quiero -dice- que los hombres hablen conmigo en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones”. Habla cuando te acuestes y cuando te levantes, y cumplirás así lo que se te manda. ¿Qué es lo que se nos promete a cambio? Seremos semejantes a él, y lo veremos tal cual es. La lengua expresa lo que puede; lo restante ha de ser meditado en el corazón. Ya que por ahora es imposible la visión, nuestra tarea es el deseo; toda la vida del cristiano es un santo deseo. Supón que quieres llenar una bolsa, y que conoces la abundancia de lo que van a darte; entonces, tenderás la bolsa, el odre, o lo que sea, y ensancharás su apertura para aumentar la capacidad. Así, Dios, ensancha el deseo, acrece el alma, y la hace capaz de sus dones. Deseemos, pues hemos de ser colmados. ¿Qué hacer en esta vida, en que aún no se ha conseguido el premio? Sólo una cosa: olvidarse de lo que queda atrás y lanzarse hacia lo que está por delante para ganarlo, a lo que Dios nos llama desde arriba.
Tal es nuestra vida; ejercitar el deseo. Ahora bien, este santo deseo está en proporción directa del desasimiento por los bienes de este mundo. Derrama de ti el mal, ya que has de ser llenado del bien. Dios quiere llenarte de miel, pero si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? Hay que vaciar primero el recipiente, limpiarlo y lavarlo, aunque cueste fatiga, para que sea capaz de recibir algo. Ensanchemos nuestro corazón, para que nos lo llene cuando Él vuelva, ya que seremos semejantes a él, y lo veremos tal cual es.
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