
El amor prevalecerá
Querido Efraín:
¿Por qué no procuramos ayudarnos unos a otros en lo que más urgencia tenemos de prestarnos auxilio, llevando mutuamente nuestras problemas, dificultades y cargas, con espíritu fraternal? Así nos exhorta el Apóstol Pablo, diciendo: “Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con eso cumpliréis la ley de Cristo”; y en otro lugar: Sobrellevaos mutuamente con amor... Cuando observamos en un semejante deficiencias incorregibles --consecuencia de algo que le falta, o de alguna enfermedad física o moral--, ¿por qué no lo sostenemos con paciencia?, ¿por qué no lo consolamos de buen grado, tal y como está escrito?: “Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán. ¿No será porque falta aquel amor que todo lo aguanta, que es paciente para soportarlo todo, y que siempre es benévolo? Tal es, cierta y claramente, la ley explícita de Cristo, que, en su pasión, soportó nuestros sufrimientos y, por su misericordia, aguantó nuestros dolores, amando a aquellos por quienes sufría, sufriendo por aquellos a quienes amaba, hasta su muerte afrentosa.
Por el contrario, el hombre que hostiliza, o se aprovecha, del hermano que está en dificultades, el que le pone asechanzas en su debilidad, sea cual de la clase que fuere, se somete a la ley del “altivo” --que es el diablo--, y con ello le obedece, y se somete a él. Seamos, pues, compasivos, caritativos con nuestros hermanos, soportemos sus debilidades, tratando de que desaparezcan esa clase de vicios de entre los hombres. Cualquier género de vida, cualesquiera que sean sus prácticas o su aspecto exterior, mientras con él se busque, sinceramente, el amor de Dios y el amor al prójimo por Dios, será siempre agradable a Dios.
El amor ha de ser, en todo momento, lo que nos induzca a obrar o a dejar de obrar, a cambiar las cosas o a dejarlas como están. El es el principio y el fin hacia el cual todo debe ordenarse. Nada es merecedor de culpa si se hace en verdad movido por el amor, y de acuerdo con el. Quiera concedérnoslo, que seguro que lo hace, con largueza inconmensurable, si lo rogamos con sencillez y confianza, Aquel a quien no podemos agradarle sin amor, y sin cuya asistencia de nada en absoluto somos capaces; es el que vive y reina, y es Dios, por los siglos inmortales, y suyo es el Reino, el Poder y la Gloria.
Estoy segura de que, si así es cómo el hombre ha de comportarse, hemos de preguntarnos porqué no va mejor el mundo. Pero discrepo de esta última afirmación: el mundo va mejor, ¿no crees que predomina el amor sobre el odio, o la explotación? Ocurre que esto es como una larga guerra, en que unas batallas se pierden otras se ganan. Pero la fe, la que va unida al amor, nos trae de la mano la esperanza, la seguridad de que al fin de los tiempos, el amor prevalecerá.
Saludos para toda la familia, CTA