Recuerdo de Leo
Veo que, además de mis sobrinas-nietas, hay más gente que ha querido dejar constancia de su recuerdo de Leo, como mi hijo José Pablo. En vista de ello he pensado dejar yo también alguna muestra de mi trato con él.
Creo que, salvo Belén, su mujer, poca gente habrá tratado tanto a Leo. Le he tratado como conocido, novio de Belén, cuñado, amigo, algo de consejero y un poco de colaborador, hasta que al final de su vida se encerró en su despacho y se dedicó casi exclusivamente a escribir con lo que ya nuestra relación se enfrió un tanto.
Para mí. Leo fue, además de cuñado, un buen amigo, especialmente desde que se trasladó a Madrid a vivir, época en que nos veíamos con mucha frecuencia; casi todos los fines de semana saliamos los dos matrimonios a cenar fuera de casa. como muestra baste decir que una noche vieja, vestidos como Dios manda, no como se visten ahora, estuvimos en la Puerta del Sol a oír y ver las doce campanadas.
Además de amigo, yo he considerado a Leo como un magnífico médico como escritor no lo sé, pues la crítica literaria no es mi fuerte. Tenía un ojo clínico envidiable y tan pronto veía a un enfermo ya tenía su acertado diagnóstico. Era un médico de los de antes, es decir, que se ocupaba de sus pacientes a fondo, con gran cariño y cordialidad. A mí, personalmente, me hizo numerosos favores y cito como especiales el que salvó la vida de mi hija pequeña Berta, impidió que mi hijo José pablo se quedara manco y su presencia en todos los partos de mi mujer; gracias a él, mi hijo Quique salvó la vida.
Recuerdo también su cariño con mis padres con los que estuvo presente en los momentos de sus muertes y la multitud de consultas médicas telefónicas; siempre acertando en sus diagnósticos y dando el tratamiento adecuado, Podría citar anécdotas sin fin de mi trato con él, pero no es este el lugar para expesarlas, sino solo dejar constancia de mi recuero a él y mi enorme cariño hacia su mujer y sus hijos.
Leo : DESCANSA EN PAZ.
Rafael Cereceda García
