
Mara Gómez Avellaenda
No quieres estar solo
Son las 20,06 horas; un día cualquiera del mes de Junio.
El sol empieza a esconderse… nosotros desde “nuestra casa” lo contemplamos, como cada tarde. Yo, acabo de bajar a la playa, tú me miras desde el porche; me saludas con la mano, sigo caminando… ¡soy una mujer feliz!
Acabo de dejar a “mi amor” en “nuestra casa”; solo por unos minutos, los suficientes para darme un gratificante baño y correr tras las gaviotas que vienen a buscar un poco de pan que sobró en nuestra comida... ¡ya me conocen...!
Todas las tardes me están esperando… Tú, me haces señales, de que vuelva contigo. No quieres estar solo… Al llegar a “nuestra casa” todo está en calma, en sosiego. El ambiente está preñado con aires gratificantes, que continuamente emanan de nuestros espíritus. Hoy dormiremos juntos, como siempre. Ya nada, ni nadie nos van a separar.
Querida mía. La emoción del amor, rezuma por todos los poros de tu cuerpo. No puedo contestarte como quisiera. Sigue hablando tu, mi vida… Hoy en la comida, miraba a un compañero, a otro, a otro; estabas en todos. Te has convertido en una obsesión para mí. ¡La realidad, es así…! No me digas nunca, lo que puede y lo que no puede llegar a ser. Déjame soñar mi amor, ya tendré tiempo de sufrir…
Sueña, mi vida; es la única opción para sentir que nuestros sentidos y nuestras almas son felices… Tu tiempo y el mío es lo que importa, mi amor. Sabes que te dije y lo quiero llevar hasta las máximas consecuencias. Estarás en mi vida, para siempre… ¡Eso, no me lo podrá robar nadie, ni tan siquiera tú! ¿Mi amor, te amo…!
¡Creo que no sabes, ni eres consciente hasta qué extremo…! . Creo que lo sé, y estoy de acuerdo contigo en no perder “nuestro tiempo” donde tú y yo estemos… Estoy a tu disposición para lo que quieras. En otro orden de cosas, te haré saber lo que he escrito hoy, y comprenderás mis sentimientos por ti… . Imaginar que tu cuerpo, deslumbrante de secretas fragancias incubadas durante la noche, te inclinas hacia mí y colocando tu rostro muy cerca de mis labios,
me susurras: “Buenos días, mi amor”. Abro los ojos y creo estar en presencia de un ángel… . Yo, te respondo con entrecortada voz, velada por la emoción, “Buenos días mi vida”. Jamás me hartaré de contemplar y disfrutar de tu cuerpo; que enerva y exalta todas mis potencialidades humanas y divinas. . Lo que estoy viviendo contigo, querida mía es un sueño que jamás creí poder materializar.
Quiero seguir en “nuestra casa” contigo y para siempre… . Dios, ¡cómo te quiero…¡
Mara Gómez Avellaneda