Mara Gómez Avellaenda

Mi inolvidable profesora

Año 1952. Las Fiestas Navideñas habían comenzado. 

Yo lo notaba en el ambiente; el ir y venir de la gente, el peculiar olor de mi casa. Mamá le decía al carbonero, que necesitaba más carbón, y por supuesto más leña.

 El Sr. Julián, era muy bueno, siempre me regalaba tebeos. Decía, que eran de sus nietos, que ellos ya los habían leído. Mamá, cuando se había ido el Sr. Julián, guardaba con mucho cuidado los tebeos, diciéndome…  ¡Mi querida niña…! tu prioridad, tiene que ser la formación que yo, te voy a inculcar poco a poco.

 Los tebeos del Sr. Julián los leerás en “ratitos perdidos”…   Todos los niños del barrio, en Navidad tenían vacaciones, y no iban al colegio. Yoya, una vecina que vivía en el chalet, pegado al nuestro, le decía a mi mamá…   .   Peregrina, el curso que viene, tiene que apuntar a Nuchita, al colegio de Carlitos.   Mamá, no hacía mucho casa, ni a Yoya, ni a nadie. Yo, no iba al colegio. Mamá no me daba vacaciones en Navidad, como tenían todos los niños del barrio.

 Nos levantábamos sobre las nueve de la mañana, desayunábamos, y mientras “una señora”, que iba todos los días a casa a “organizar y recoger todo”; nosotras, como decía mi mamá a “nuestra tarea”…Recuerdo, que tenía cuadernos de cuadrícula, para los números, y cuadernos de un solo renglón para las letras. Mamá y yo, comenzábamos el día con muestras…   MUESTRAS DE NUMEROS 1- 2 – 3- 4- 5- 6- 7- 8- 9- 0   MUESTRAS DE LETRAS a-b-c-d-f-g-h-; así, hasta el final del abecedario…   ¡Era muy divertido…! Me gustaba mucho, como me daba las clases.

 Era la ¡mejor profesora del mundo…! ¡Y no me pegaba…!. Mis amiguitos Carlos y Marilís, me decían que sus profesores, les daban cachetes cuándo, no hacían bien los deberes.

   Las fiestas de Navidad, y también la de los Reyes Magos, habían tocado a su fin. Ya estábamos en el año 1953. Mamá me había dicho, que en ese año, el día 2 de julio, cumplía cinco años, y que empezaría al colegio en el mes de septiembre. Colegio de monjas “Los Almendrales”, muy cerca de mi casa.

   Yo, cada día estaba más feliz con mi profesora ¡mi mamá…!. Habíamos empezado a sumar. Los números los hacía muy bien, y me gustaba mucho sumar. Lo que más ¡me encantaba…! era hacer muestras, con todas las letras del abecedario. Ya unía las letras, y formaba palabras.  .

   Nuchita, vamos a escribir, diez veces en el cuaderno…   Nuchita es muy buena Nuchita es muy buena Nuchita es muy buena…   .   ¡Fantástico hija mía…! cada día escribes mejor. Vamos con otra frase…   Este año voy a ir a cole Este año voy a ir a cole…   .   ¡Extraordinario corazón, eres genial…!   .   Vamos a sumar. Cuándo sumes muy bien, pasaremos a la resta… ¡Perfecto cariño…! Por la tarde, continuáremos haciendo tareas; concretamente leeremos los cuentos que te han traído los Reyes Magos. Coloreáremos los dibujos. Mañana viene papá; iremos al Retiro a montar en las barcas, y veremos el teatro de las marionetas…   Efectivamente, mañana era sábado y papá estaba con nosotras.

 El sábado y el domingo. Así, todas las semanas. Papá, debía de ser muy importante. Iba con su jefe D. Valeriano a todos los sitios. El lunes, martes, miércoles, jueves, viernes. Los sábados y los domingos, estaba con mamá y conmigo.   Los sábados y los domingos, pasaban muy rápido

. Me llevaban a muchos sitios. Los domingos íbamos a casa de unos amigos que vivían en la Puerta de Toledo, subiendo la cuesta de La Fuentecilla. Íbamos en tranvía.

   Papá, ya se había marchado hasta el sábado siguiente. Mamá y yo, seguíamos con “nuestras tareas”…Mamá, me había comprado unos cuadernos de caligrafía ¡eran preciosos…! Empecé a escribir en la primera página, la segunda, la tercera… notaba que cada vez, me gustaba más escribir en ¡mis maravillosos cuadernos de caligrafía…!   Llegó el verano de 1953; nos fuimos a Galicia. Papá se quedó en Madrid trabajando. Estuvimos los meses de junio, julio y agosto.

 Mamá me dijo, que ya tenía el uniforme del colegio, y la cartera con todo lo que necesitaba para empezar al cole. Tenía cinco años, y mamá consideraba que había llegado el momento.

   El verano pasó rápido, muy rápido. A finales de agosto regresamos a Madrid. Yo tenía que empezar al colegio de las monjas en el mes de septiembre. ¡Estaba contentísima y muy nerviosa…! ¡Todo era nuevo…! Uniforme, cartera, estuche de pinturas, y cuadernos ¡muchos cuadernos…!   Faltaban tres días, para empezar al colegio “Los Almendrales…”. Papá llegó como cada semana, el viernes por la noche.

 El sábado y el domingo, lo dedicábamos a visitar a sus amigos. Comiendo en una casa, cenando en otra. Yo me lo pasaba muy bien, en estas casas, había niños, y jugábamos…!   El día soñado llegó…! Cuándo entré en la clase, estaba llena de niñas como yo. Sor Carmen me puso en la primera mesa… Me dijo... Quiero que estés, cerca de mi; tu mamá me ha dicho, que este verano has trabajado mucho. Que sabes leer, escribir y sumar…

   Los días van pasando, cargados de alegría. Cada día, me gustaba más, ir a colegio. Sor Carmen, ha comprobado, que lo que mamá le había dicho era cierto. Durante todo el curso, yo estuve en la primera mesa, al ladito de Sor Carmen.   El tiempo pasa rápido, muy rápido. Tenía nueve años, y me estaba preparando con mis monjas para hacer la Primera Comunión. A esta edad, camino de los 10 años, ya tenía que comenzar Ingreso, y a continuación el Bachillerato.

   Las monjas, mis monjas se trasladaron, a un pueblo en las afueras de Madrid. Continué en el Colegio DEL PILAR (monjas salesianas); yo, a mis primeras monjas las eché muchísimo de menos, sobretodo a Sor Carmen…   Mamá, MI INOLVIDABLE PROFESORA, no dejó nunca de enseñarme cosas.

 De tal forma, que cuando empecé al Colegio Del Pilar, llevaba bastante bien; el sistema métrico decimal, regla de tres simple, y creo recordar, que algo me enseñó mamá de repartos proporcionales.

 Me enseñó a analizar morfológicamente oraciones. Ya comenzaba ella, en su buen quehacer a iniciarme en el análisis sintáctico de oraciones.   Mis monjas salesianas, se quedaban ¡boquiabiertas…! de todo lo que aprendía en mi casa con…   ¡MI INOLVIDABLE PROFESORA…!                          

                                    Mara Gómez Avellaneda

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