
Manuel Jesús Martínez Fabón
Los gitanos - 3ª parte
La palabra gitano encerró y encierra significados ocultos que se entremezclan dando un halo de oscurantismo a quien pertenece a esta etnia: adivinos y nigromantes (tal vez por su especial culto a los muertos), poseedores de poderes ocultos relativos a la magia negra con su famosa "maldición gitana", solapados y astutos, informales, pendencieros y un largo etcétera de epítetos, como "ladrones itinerantes", para remarcar su negatividad y acrecentar el significado despectivo de la palabra gitano. Hasta entre los payos, cuando se quería denostar a alguien, se decía: "¡mira que eres gitano!".
Oscurantismo y leyenda negra tejida a su alrededor y promovida por ellos mismos como defensa a las insidias y a las querencias promovidas por quienes, tal vez, necesitaban una pantalla para cubrir sus propias felonías. No querían disipar el calificativo de intocables para que no les tocaran con ánimo lesivo tanto física como psíquicamente.
Desarrollaron, como autodefensa para luchar contra la fuerza del exterior, la astucia, el ingenio y, sobre todo, la picaresca. Son poderes similares a los que desarrolló la hembra para contrarrestar la fuerza física del macho: inteligencia, astucia, ingenio, intuición y un especial "sexto sentido". La fémina que está adornada con estas prebendas, no tiene rival como estratega. Porque el gitano lo puede ser todo menos imbécil.
Al contrario, la necesidad de pervivencia y supervivencia le hizo muy inteligente y, sobre todo, astuto. Características que se han grabado en la memoria genética a través de los siglos. La razón de esta parafernalia defensiva tiene una sola palabra: MIEDO. ¿Quién tenía más razones para temer, los gitanos o las gentes que no lo eran?. Porque el pueblo gitano ha sufrido todo tipo de execrables violaciones de los derechos humanos.
Le fue negado el derecho de asilo; los ataques racistas sin sentido fueron y son carismáticos; fueron torturados y masacrados por los nazis; han sufrido limpiezas étnicas en algunos países europeos; las persecuciones y esclavitud han sido horrorosas: en el siglo XIV había gitanos rumanos esclavos del rey, de la iglesia o de los terratenientes. Incluso fueron salvajemente castrados para que sirviesen de conductores en los carruajes de las damas y no peligrase el honor de los maridos.
La actitud discriminatoria y los tratos poco edificantes fueron corrientes y persisten en algunos países de la Unión Europea. El gitano tenía, y aún tiene, su propia hegemonía con sus propias leyes, jueces y jurados. Leyes en ocasiones mucho más severas que las establecidas por el poder de los "estados legislativos". Incluso tienen "su rey" y sus gobernantes de clan. En este contexto podríamos hablar de un estado, de una nación, de la nación gitana.
Como se llamó al conjunto indio en América: La Nación India. Incluso tienen su bandera: sobre un fondo mitad azul y mitad verde, una rueda de carro roja. El azul simboliza el firmamento o cielo, techo de su hogar; el verde el suelo del mundo y la rueda sus deseos de libertad. Esta bandera fue la enseña en el entierro de Camarón de la Isla.
También tienen su himno internacional: "Gelem, Gelem". Es curioso observar que la susodicha rueda tiene un aspecto artístico genuinamente hindú. Unos trazos que quieren recordar a "la rueda de la vida" en su interminable e imprevisible girar sin principio ni final. Todas las leyes gitanas tienen como base de sustentación una palabra sagrada para ellos: EL HONOR. Tal vez, el orgullo de raza, que era la única riqueza ancestral que les quedaba y que les resta.
Aún así colaboraban con la justicia establecida en aquellos casos que consideraban delitos a ellos ajenos. Porque los propios trataban de penarlos ellos mismos según sus leyes y principios. A pesar de todo lo expuesto, en España, el pueblo gitano levanta la voz en apoyo de cuestiones que parecen ser competencia sólo a los no gitanos, a los payos, siendo decisiva su voz en muchas ocasiones. El estado español ha dictado leyes que les protegen y amparan.
Leyes que, en forma general, son ignoradas. Leyes internacionales de igual significado son también rechazadas. Los verdaderos gitanos son compasivos y dispuestos a ayudar al necesitado de su auxilio. Humildes, orgullosos o altivos, según la ocasión y circunstancia. En ocasiones pueden parecer insolentes o impertinentes pero jamás soberbios.
Tal vez excesivamente prudentes y en ocasiones imprudentes. Es comprensible. Los embates de su entorno existencial así lo exigen. Sus genes guardan la memoria del lejano y cercano pasado. He afirmado que el gitano no es imbécil o tonto. La humildad, como salvaguarda del honor, es patrimonio de los sabios y la fatuosa soberbia lo es de los necios.