
Manuel Jesús Martínez Fabón
Los gitanos - 2ª parte
Son muchos los orígenes atribuidos al pueblo Gitano. Orígenes misteriosos que ellos mismos referían cuando se asentaron en España o en cualquier otro país.
Orígenes que parecen enlazar con la antigua Grecia. Hay voces que los sitúan ya en el antiguo Egipto, de donde hacen proceder la palabra gitano, siendo esta palabra un apócope de "egiptano", y situando en este país de origen la adquisición de las artes curativas, medicinales, "brujeriles" y adivinatorias que poseen.
Hay historiadores que afirman que Pitágoras aprendió matemáticas y filosofía de esclavos egipcios. Desde luego la filosofía gitana, si se la estudia a fondo, tiene más riqueza de la imaginable. Una filosofía y unos conocimientos que conforman el "embrujo" y el "poderío" gitano. El origen gitano es un tema muy controvertido. Aunque los gitanólogos e historiadores más modernos y serios parecen coincidir en una opinión a este respecto.
Parten de un punto posterior y más comprobable o comprobado. Les hacen proceder de Asia. Concretamente, los Zíngaros provienen de Frigia (hoy Turquía, Asia Menor), con un asentamiento en la India. Es un tema demasiado extenso para desarrollarlo con detalle. Una vez asentados en Europa, en alemán se les llamó Zigeuner, en húngaro Cigány; y así con diferentes nombres de raíz similar en otros países.
Parece ser que, los mismos Zíngaros del siglo XX, prefirieron que su nombre empezara por la letra Z, en recuerdo del tatuaje empleado por los nazis para identificarlos en los campos de concentración y exterminio: la inicial de la palabra Zigeuner. Me refiero pues, especialmente, a aquellos hombres, mujeres y niños, cuya piel, quemada y reseca, abrasada por el sol, curtida por el viento y por las gélidas temperaturas invernales, adquirió un tono casi negro, cetrino.
Una piel que brillaba con destellos de luna, bajo cuyo resplandor, singular protección y mágica influencia, volaban al espacio los sueños e ilusiones que arrastraban con penurias y sinsabores desde la noche de la ignota historia de un pueblo voluntariamente apátrida, por cumplir una misión para nosotros absurda e imposible.
En medio de asechanzas y entorpecimientos impuestos por los entornos socioculturales en los que se veían inmersos, como las existencias de todos los "pueblos malditos", en su continuo navegar por el proceloso mar de una vida muy peculiar y, como he escrito, imposible de entender con la mentalidad de nuestra egocéntrica cultura. ¿Quiénes eran los extraños, ellos o nosotros?. Quiero que estas líneas sean una loa y una oda a aquellos transeúntes de las ancestrales y mistéricas rutas del hierro y del estaño; para quienes hollaron esos caminos antes de ser usados por las avalanchas de romeros en sus peregrinajes místicos y mistéricos.
Para aquellos primeros caldereros dedicados a la reparación de los calderos y demás recipientes culinarios de los hogares en los pueblos y lugares habitados en los que detenían su andadura. A los nuevos celtas, ahora de pelo encrespado y negro, que llegando desde oriente, marcharon hacia occidente sin un "finis terrae" predeterminado. A aquellos seres humanos que, ya en la Alta Edad Media, tenían en la noche por techo la bóveda estrellada, por paredes los árboles del bosque y por suelo la tierra o la hierba de las extensas praderas o de los abiertos valles.
A aquellas buenas gentes que, hace más de medio siglo, procuraron un circense divertimento con difíciles malabares, contorsiones y acrobacias al son de una vieja trompeta; acompañados de una cabra y de adiestrados perros; con graciosos y artísticos bailes de adultos y de pícaros y tiernos niños de inteligente mirada y con un perspicaz talante imposible de describir. Representaciones, por unas pocas y voluntarias monedas, en la plaza del pueblo o en el añorado Bar Aragón de Torrevelilla, mi pueblo, donde también asistí a las primeras sesiones de cine mudo.
¿Ha observado alguna vez, el perspicaz lector, la picarona sonrisa, inexpresiva y altamente expresiva a la vez, despectiva y atractiva como un imán, burlona, satírica y seductora de una mujer gitana?. Ha comparado esta sonrisa con la de la Mola Lisa?. ¿Cuál de las dos es más enigmática, tiene más embrujo y es más sugerente?.