Manuel Jesús Martínez Fabón

Los gitanos - 1ª parte

Uno de los imborrables recuerdos de mi niñez, tal vez conexionados más bien con mi infancia, es la presencia periódica de unos oscuros e indefinibles personajes, misteriosos e insondables, llamados gitanos.

 En mi limitada sapiencia de entonces no sabía, como la mayoría de adultos, encuadrar a esos seres humanos dentro de los parámetros de ningún ordenamiento social, o étnico conocidos que fueren adecuados. Pasaron muchos años hasta que oí que pertenecían a una raza o etnia especial.

 Pasaron más años hasta que, buceando en lo ignoto, misterioso y enigmático, comencé a entender, en lo posible, su vida, su alma, sus vivencias, sus querencias y creencias. Y si el conocimiento lleva a la comprensión y ésta al despertar de ciertos sentimientos positivos, entendiendo también los aspectos que para nosotros los "payos" son negativos, surgieron disposiciones a la admiración, desterrando de mi espíritu todo sentimiento racista o xenófobo hacia ellos y hacia otros "pueblos malditos" que, por supuesto, no es el momento ni el espacio pertinente para ellos.

 Pueblos españoles como los Vaqueiros de Alzada, Agotes, Maragatos, Quincalleros o Quinquis y Pasiegos... Asimilado que la nuestra es una cultura diferente con un ancestral "entorno sociocultural", distante años luz del "pueblo maldito" Gitano, este escribidor puede plasmar sus ideas con aceptable coherencia, con deseable imparcialidad y hasta con ansias de justicia. Naturalmente me refiero especialmente a aquellos gitanos nómadas que iban por el mundo siguiendo una divisa: "El mundo fue creado para conocerlo". Fueron los primeros "ciudadanos del mundo".

 Porque ser gitano sedentario, más o menos integrado en la sociedad en la que se desenvuelve, ya no es lo mismo. El gitano actual está orgulloso de su raza. Eso es cierto. Pero poco más puede hacer. Este tipo de gitano hispano es consecuencia del asentamiento ibérico del gitano andaluz, muy diferente al Romá o al Zíngaro, pueblos bohemios por excelencia. A aquellos Romá o Romanís con un lenguaje especial que llevaba su nombre: El Romaní. Como el Kaló o Caló del gitano ibérico. El gitano sedentario dedicado, inicialmente, a la compraventa de animales de labranza y posteriormente a la compraventa de antigüedades y a la venta ambulante.

 Ocupaciones u oficios que procuraron los genes de una gente inicialmente nómada. Hoy sus huellas no dejan señal a diferencia de las ruedas radiales de madera con cerco de hierro. Diferentes a aquellos Zíngaros cuyo nombre puede ser un derivado del griego Ατσίγγανος, que literalmente significa intocable o sea maldito. Apelativo que es un compendio de temor en muchos aspectos y con muchas causas o razonamientos muy dispares.

 Casi todas ellas una perentoria necesidad de autoprotección para la supervivencia de sus vidas, costumbres, cultura y raíces que por nada del mundo olvidarán o perderán. Pueblo maldito en España, desde la Edad Media, como los nombrados Vaqueiros de Alzada, Agotes, Maragatos o Pasiegos, a los que, como curiosidad histórica, quiero reseñar los bancos de piedra exteriores a algunas iglesias y ermitas.

 En el muro o puerta hay una ventana por la que oían misa estas razas, por dispares motivos marginadas. También, a través de esta ventana recibían el Sacramento de la Comunión, que era repartida por medio de una paleta de madera y no con la mano sacerdotal, pues eran notables.

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