Amor constante, más allá de la muerte

Esta mañana mientras tomaba un delicioso café viendo al amanecer, me topé en internet con este poema de Francisco Quevedo, que he querido compartir con todos vosotros.

Es un poema conocido, pero si os soy sincero, reconozco mi incultura, y hasta hoy no lo había leído:

 

Amor constante, más allá de la muerte

 Francisco de Quevedo

 

 Cerrar podrá mis ojos la postrera

 sombra que me llevare el blanco día,

 y podrá desatar esta alma mía

 hora a su afán ansioso lisonjera;

 

 mas no, de esotra parte, en la ribera,

 dejará la memoria, en donde ardía:

 nadar sabe mi llama la agua fría, 

y perder el respeto a ley severa.

 

 Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

 venas que humor a tanto fuego han dado

, medulas que han gloriosamente ardido, 

 

su cuerpo dejará, no su cuidado;

 serán ceniza, mas tendrá sentido; 

polvo serán, mas polvo enamorado.

 [Quevedo, Francisco de: Obra poética, tomo I, ed. de José Manuel Blecua Teijeiro.

 Madrid, Castalia, 1969-1971, pág. 657.

El amor es más fuerte que la muerte. Así interpreto yo este magnífico poema. Lleno de esperanza y optimismo. El amor todo lo puede. 

No importa el dolor, ni el sufrimiento, no importa la ausencia del ser querido, del ser amado, el amor siempre perdura. Los recuerdos tristes se van desvaneciendo y quedan cubiertos con los recuerdos llenos de amor y de felicidad.

Las seres queridos que se han ido, siempre permanecerán vivos mientras haya alguien que los recuerde. Y aun no habiendo nadie que los recuerde, los escritos son un legado para generaciones posteriores que cada vez que los leen de alguna forma resucitan ese amor que había quedado dormido.

Y aun no habiendo nadie ni escritos que los recuerden, siempre estará el amor de Dios que con su misericordia nunca olvida a ninguno de sus hijos, y que, como el día de hoy, 1 de noviembre de 2025, y cada año, toda la iglesia católica recuerda a esos hombres y mujeres conocidos y desconocidas cuyas almas gozan de la presencia de Dios para toda la eternidad.

Leopoldo Martínez-Osorio del Río

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