
Manuel Jesús Martínez Fabón
Aprendiendo a escribr. Aprendiendo a hacer
Nota del autor: En conmemoración y recuerdo de quienes “nos precedieron que en el gran y último viaje”. En su memoria escribo el siguiente reportaje. Una fecha especialmente “sagrada” para mí.
En homenaje a los médicos, científicos, animistas y parapsicólogos que estudian y bucean en el enigmático fenómeno de la muerte.
El abuelo, más próximo al final que al principio de su vida, conversaba con su veinteañero nieto, esforzándose por hacerle comprender sus experiencias más vitales. Comenzó diciendo: -Jorge, si algo no entiendes o tienes alguna duda, no baciles en interrumpir y preguntar. Nacer, morir. ¿Qué más me da? ¿O deberíamos decir “renacer para volver a morir”? ¿Qué es primero, el nacimiento o la muerte? ¿Es necesario morir primero para poder nacer?
Parece de locos o una incongruencia estas consideraciones. Dijo Calr Jung: “Cuando la tapa de un ataúd se cierra, sumiendo el cuerpo en la oscuridad, una luminosa puerta se abre para el ser”.
Un lugar de luz pleno de felicidad. Sin guerras, sin hambre, sin envidias, sin enfermedades, sin temor a la muerte... Es decir, el cielo. Las diferentes filosofías y religiones tratan de explicar este concepto para el nuevo estado del el espíritu humano. Así para el cristianismo es el Cielo, rodeados de ángeles.
Para los judíos es el Paraíso, de la mismas características que el Cielo. Para los mahometanos es el Edén, donde viven las huríes, de parecidas peculiaridades que los ángeles. Para los pueblos bárbaros era el Walhalla. Los espíritus están rodeados de unos seres femeninos de hermosura sin igual, llamados Valkirias.
Seres que servían hidromiel en las calaveras de los enemigos muertos por ellos en la batalla. Los griegos creían que cuando la Moira Atropo cortaba el hilo de la vida, aparecía el barquero Caronte y llevaba los espíritus al otro lado del río Estige o a los islotes del lago con el mismo nombre.
Lago donde desembocaba el río. Allí aguardaban las almas su destino final, ahora en los dominios del dios Hades. Cuando la sábana de la cama tapa de la cara del muerto, cuando el sudario enrolla el cuerpo, comienza el camino. El abuelo se interrumpió para preguntar a su nieto. -Jorge, ¿sabes por qué a la muerte se la llama “la Parca”?. -No, abuelo. -Pues porque los romanos a las tres Moiras las llamaban Parcas. A la moira Atropo, la llamaban Morta o sea Muerte. Así la parca Muerte se encargaba de cortar el hilo de la vida. ¿Lo has entendido?. -Sí, abuelo. -Pues entonces prosigo. El cristianismo tiene su representación en el “Ángel de la Muerte”, quien se encarga de llevar las almas a Dios para el “Juicio Particular”, cuando “la esquelética señora de la guadaña” ha cumplido su misión. Una espectral figura a la que también, si te acuerdas, se llama Parca.
Este juicio particular comienza en la ancianidad, cuando en el pensamiento del humano se proyectan una y otra vez escenas de la vida. Como si se quitara una sábana que oculta los hechos olvidados. Entonces, el humano, se arrepiente más de lo que no ha hecho que de lo que ha hecho.
El juicio alcanza la máxima nitidez instantes antes de la muerte, sea ésta natural o violenta. En este momento Jorge preguntó a su abuelo: -Yayo, ¿qué es una Moira?. -Es una diosa. Eran tres: Cloto, que hilaba el hilo de la vida. Laquesis, que determinaba la duración de esa vida y Atropo que cortaba inexorablemente el hilo. Los romanos, como te he dicho, las llamaban Parcas y eran Nona (novena), Décima y Morta (muerte). Después de esta explicación el abuelo siguió con su disertación. -En la rueda imparable de la existencia, ¿qué es la muerte, un final o un principio?.
Las experiencias personales en este campo me permiten opinar que son las dos cosas a la vez. Es morir a una vida para nacer o renacer a otra. De la misma manera que cuando nacemos, morimos a una reciente vida uterina para nacer a otra más complicada. La aparente infinita magnitud del mundo de un ser en gestación, es solamente el vientre de la madre. El limitado mundo uterino, el infinito universo de la placenta.
Es la acción del dios romano Plutón, o del griego, o del egipcio Osiris, señores de las profundidades del más allá, de lo oculto y misterioso. Es la acción de “destrucción total, borrón y cuenta nueva”, pero para mejorar en los casos que es posible. Es el humano, por las ataduras de su dimensión, quien impide esa mejora. Unas experiencias vividas son positivas, como la acaecida a la muerte de mi abuelo, tu bisabuelo, y a la muerte de mi padre, tu abuelo.
Otras negativas y terroríficas como las apariciones, llamadas comúnmente fantasmales, y cuya denominación debería ser la de seres astrales malévolos y con ansias de hacer daño. Nunca olvidaré a la ermitaña de La Pobla de Montormés. Una aparición en la que, gracias a Dios, no estaba solo. Así pues la emoción más profunda me ha embargado en unas y el visceral terror en otras. En las enseñanzas esotéricas, cuando se menciona el devenir de la vida, se lo representa con una rueda. “La rueda de la vida”. ¿Por qué una rueda?.
Porque gira y gira sin cesar en un constante movimiento por un tiempo indefinido que, en determinadas ocasiones, puede considerarse infinito en nuestra medida, en nuestra idea terrena, en la certeza de que todo tiene principio y final con duración mensurable. La rueda es una circunferencia. “Una curva cerrada y plana, sin principio ni final determinado o conocido”. Los puntos que la conforman, equidistan de uno interior llamado centro. Tal vez sea más comprensible si lo comparamos a un tíovivo. Cuando comienza a girar, ¿dónde empieza y dónde termina cada una de las vueltas?.
La evolución dependerá del ángulo o lugar de observación. La rueda de ocho radios es el símbolo del Budismo. Uno de los fundamentos más importantes de esta filosofía es la creencia en el "renacimiento" o "reencarnación". También en la bandera de los gitanos figura una rueda, como símbolo de su incesante deambular por los caminos de La Tierra, bajo el lema:. “Dios hizo el mundo para conocerlo”. Bandera que no faltó en el entierro de Camarón de la Isla.
El ser humano, como todo lo creado con vida propia, llámense animales o plantas, en cada uno en sus diferentes órdenes y especies, tiene unos hitos importantes en su corta vida, aunque ésta sea longeva comparada con la duración de otros especimenes. Estos son: nacer, crecer, multiplicarse y morir.
Al ser humano lo diferencian de otros seres de la creación, animales y plantas, la frecuencia vibracional de sus moléculas que confieren a las células, en los diferentes órganos que conforman el cuerpo físico, unas capacidades y competencias que sólo a él le son dadas. Su cerebro, parte esencial anatómica y que rige a todos los demás órganos componentes y a todas las actividades fisiológicas y químicas, puede, por añadidura, pensar, razonar y tomar decisiones según su pensamiento.
A esta facultad se la ha llamado “libre albedrío”. Es el único ser capaz, por ejemplo, de procrear por sentimientos, entre los que se encuentra el amor. Los demás animales lo hacen por instinto natural. Las plantas no tienen ni siquiera, en apariencia, esa opción. Al humano, solamente le faltan, para ser perfecto, las capacidades de precognición y retrocognición. Capacidades que solamente unos pocos tienen, en una mínima manifestación y encuadradas dentro de las potencias paranormales Psi-Gama. Capacidades que le convertirían en un ser casi perfecto, próximo a la divinidad, como lo son los seres espirituales a los que en el cristianismo llamamos ángeles. Seres casi omniscientes.
La omnisciencia total es una facultad reservada a Dios que, según la mencionada religión, Dios es infinitamente omnisciente, omnipresente y omnipotente. Dios, al igual que la rueda de la vida, no tuvo un principio ni tendrá final. La última etapa del hombre es fundirse con esa energía pura, con esa divinidad perfecta a la que llamamos Dios. Y es lógico que surjan las siguientes preguntas: “¿Quién es Dios?”. “¿Cómo es Dios?”.
Aunque sea “harina de otro saco”, además de ser un farragoso, polémico y muy largo tema, habrá que decir que nadie sabe contestar a estas preguntas y se le representa de las maneras más variopintas y alrededor de su figura se crean los más extraños dogmatismos y “herejías”. La falta de respuestas a esas preguntas nos lleva a la conclusión de que no le conocemos. Sólo sabemos de sus obras y acciones. Pero no son estos derroteros los que queremos tomar en esta conversación. Sirva únicamente como señuelo para posteriores conversaciones.
Nacer y morir son la partida y final de esta vida terral, dentro de esa interminable “rueda de la vida” que, aparentemente y consecuentemente, parece no haber duda que implica más existencias pretéritas y futuras. Ésta desconocida vuelta de rueda, en la que ahora estamos sumergidos, lleva a las vivencias más extrañas y dispares que imaginarse pueden; muchas veces con un grado de estulticia que frecuentemente es vergonzosa y avergonzante.
Las sensaciones son muchas y de todo tipo. Sensaciones que dan cabida a las más diversas actitudes y comportamientos éticos y que la memoria lo guardará en algún lugar. Un archivo que en las culturas hindúes se llama “akásico” y que servirá para generar las motivaciones de otras vueltas de la rueda. Es la cadena que en todos los aspectos y áreas de identidad se hace realidad. Como dice el aforismo: “Todo hecho tiene unas causas y unas consecuencias, siendo estas últimas las causas de otros hechos”. Así, “esta vuelta” será la causa de la siguiente.
Es el significado esotérico, escondido, del “movimiento contínuo”. En la mencionada “desconocida vuelta” el hombre, el ser terrenal más perfecto de la creación, usando una mínima parte de sus facultades cerebrales, que por sí mismas son escasas, comete toda clase de errores, muchos de ellos fatales para un futuro lejano y cercano, así como muchos aciertos que contrarrestarán la carga negativa que va acumulando. Solamente cuando los aciertos equilibran la balanza, en un insospechado instante, surge el hombre que encuentra el camino de la iniciación y de la perfecta evolución.
En este aspecto evolutivo la “rueda de la vida” es similar a la última onda que se forma en el agua, cuando arrojamos una piedra en un estanque. Debe actuar en sentido inverso, una vez se ha expandido. Es decir, debe contraerse, paulatinamente, a velocidad diferente para cada individuo, hasta confundirse con el centro, con el punto central donde cayó la piedra. Es el punto origen de la “ondina circunferencia” o espacio circular en el agua.
Hay que imaginar que esa circunferencia (el remolino en el agua) también gira y se va estrechando a velocidad diferente para cada ser humano (de acuerdo con su capacidad evolutiva), hasta fundirse con el punto central que representa la divinidad creadora y las ondas que produce la piedra al caer. La expansión de la creación. El hombre vive obsesionado, (siguiendo las filosofías, creencias, temores y religiones), por conocer el “más allá futuro”, despreciando el conocimiento del “más allá pasado”.
Sin embargo estoy convencido de que si prestara una mínima atención al conocimiento de este último, las respuestas serían más concretas y precisas para comprender el primero. Se pregunta: “¿De dónde venimos y a dónde vamos?”. Sin embargo centra su atención en la última incógnita que, por temor al futuro desconocido, es la que más le preocupa. Empieza a nacer la necesidad de la “divinidad creadora”, surgiendo la gran variedad de cosmogonías en todas las culturas, unas más racionales que otras, pero faltas todas de la fuerza argumentativa que la razón humana pide.
No hay que olvidar que se teme siempre a lo desconocido, y se desea una explicación que cubra los temores o algo o alguien a quien aferrarse y en quien confiar por ser más poderoso. Las vivencias se van acumulando a lo largo de la existencia del humano. Según la etapa de edad son diferentes y la capacidad de visión y comprensión son también muy distintas, porque la relatividad del tiempo también es desigual.
En situaciones normales atraviesa cuatro etapas que podríamos comparar con las estaciones de la naturaleza: Primavera (hasta los veinte años); verano (desde los 20 a los 40 años); otoño (desde los 40 a los sesenta años) e invierno (de los sesenta años en adelante.) Aunque estas apreciaciones pueden variar dependiendo de la naturaleza fisiológica y mental de cada individuo, de la situación geográfica, etc.
Sabe que en cualquiera de estas etapas, y en cualquier instante, puede dejar su existencia. Se aferra a las enseñanzas tradicionales educativas que le dieron desde pequeño. Es más cómodo y más “tradicional”. Dice o piensa: “Así me lo han señalado. Siempre ha sido así”. De esta manera salvaguarda sus intereses. No se da cuenta que esa actitud le impide razonar y usar “el libre albedrío”, el único ser de la creación con esas facultades.
Perdona que lo repita. El humano es un ser pensante, pero “los miedos amordazan su cerebro”. El humano, cegado por estos pensamientos, no se da cuenta que nacer y morir son una misma cosa, dentro de la evolución del hombre.. Nacer es morir a una existencia anterior y morir es nacer a una nueva vida. Vida nueva que las diferentes filosofías, religiones y creencias tratan de explicar de diferentes formas y maneras. Curiosamente, el humano, nace llorando y, salvo en algunas excepciones, también mueve de igual forma. Como si tuviera miedo a algo desconocido.
Como si tuviera temor a que los esquemas de su mundo fueran a romperse. No sabemos cómo han sido sus vivencias en la existencia que abandonó al nacer. Sin embargo desconoce lo que le espera en la vida que va a emprender. Dicen algunos doctores, especialistas en psicología infantil, que si supiéramos por qué lloran o ríen los bebés inesperadamente y durante el sueño, se sabría mucho más de este tema. ¿Quién es ese “amigo invisible” con quien juegan algunos niños?. Como te he dicho, tal vez si nos preocupáramos más del “más acá, sabríamos más del “más allá” Si la capacidad vibracional del ser humano es única en la creación, debe ser diferente también la composición espiritual, principal motivo de esa vibración celular.
De esta manera enlaza con un futuro anímico que el humano sintió desde que tuvo conocimiento de superioridad sobre los demás seres. Lo explican los libros sagrados diciendo que el hombre era el rey de la creación y que Dios puso a su disposición todo lo creado. Por cierto, desde hace un tiempo, el humano, se ha dedicado a destruir su mundo, olvidando aquello que dice:. “La Tierra es algo que hemos pedido prestado a nuestros hijos”. No la devolveremos y mejor ni peor porque, prácticamente, la hemos destruido. Masacra sin escrúpulos ni piedad plantas y animales. Todos los días desaparecen decenas de especies. El físico Hopkins, el de las teorías sobre los “agujeros negros”, dijo hace poco: “El ser humano puede ir buscando otro sitio en el espacio si quiere sobrevivir”. También profetizó Einstein: “Cuando las abejas mueran, el hombre comenzará a morir”. Bien sea por el “cambio climático” o por otras causas, es un hecho que hace algún tiempo se está haciendo realidad.
A un vecino mío que poseía una buena cantidad de enjambres, no le ha quedado ni una sola abeja. Científicamente nadie sabe las causas. Según este apicultor, puede ser por un virus o porque, misteriosamente, algo las desorienta y vuelan sin rumbo. Si, querido nieto, el humano ya no es colaborador de la creación, que debiera ser incesante como la rueda. Se ha convertido en destructor de lo creado. El alma debemos entregarla en mejor estado que cuando en su momento la recibimos. Lo explica magníficamente la parábola cristiana de “Los denarios”.
La Madre Tierra es un ser vivo. Como tal protesta. Clama, se queja amargamente, por lo mal que las tratamos sus habitantes. La hemos llevado a un estado agónico, muy cercano al comenzar una nueva fase. Una fase que habrá de ser terriblemente destructiva para la humanidad. Me podaría extender sobre este tema, pero sería demasiado extenso. Además, como dijo el sabio Diógenes. “Daría la mitad de mi vida por conocer la mitad de lo que me queda por saber”. Basta decir que lo que, al parecer, viene a partir del año domil doce, lo que ha pasado hasta ahora puede ser un juego de niños.
La Tierra es un ser noble que en sus lamentos, sobre todo ADVIERTE. Al pensar cómo nace y muerte el hombre, me viene a la memoria una sentencia que dice: “Cuando naciste todos reían y tú llorabas. Vive de tal forma que cuando mueras sea al revés. Que todos lloren y tú rías”. Tengo la impresión de que la humanidad va va a llorar en esta agonía. ¡Va a llorar mucho!. Pero, en fin, querido nieto, ¿alguna pregunta?. -No, yayo. Bien.
El conocimiento de los hechos que vengo comentando, respecto a la muerte, dio pie a algunos “ritos iniciáticos”, asumidos incluso por las iglesias cristianas. Verbigracia, en la profesión de los votos de algunas órdenes monacales y en el ritual de la Orden Sacerdotal, que es uno de los sacramentos en el Cristianismo. Este ritual se conoce como “Muerte iniciática”. Aseguran los estudiosos del fenómeno de la muerte, que es un paso agradable y placentero una vez se ha comenzado a abandonar el cuerpo físico. Nos enseñaron que los componentes del ser humano son dos: Cuerpo físico y alma. Sin embargo los estudiosos espirituales y animistas, como Allan Kardec, distinguen algunos más, sin menospreciar ni lesionar, para nada, las creencias cristianas ni de otras religiones o filosofías. Como ves Jorge, “morir”, terminar una vuelta completa de la “rueda de la vida”, no es difícil.
Lo verdaderamente complicado viene después. Como en la vida misma también impera la ley “causa-efecto”. Todo depende de acertar o equivocarse, según “nuestro libre albedrío”. Es la causa de posteriores consecuencias. Cuando el ser está libre de ataduras, ve con claridad la verdadera realidad y los ya ineludibles e inmediatos hechos. Entre los científicos que se dedicaron a la investigación del misterio de la vida, más allá de la muerte física, cabe destacar al doctor RAYMOND A. MOODY, JR., que tiene los doctorados de filosofía y medicina, además de ser un eminente psiquiatra.
Fue el primer científico médico que hizo extensos estudios sobre la supervivencia después de la muerte corporal. Realizó las investigaciones entre sus pacientes y escribió su primer libro titulado: “Vida después de la vida”. El éxito fue mundial y tuvo que dar conferencias por todo el mundo. Hace más de treinta y cinco años, era director de “Teatro de la muerte”, en el estado de Alabama (Estados Unidos), donde proseguía su trabajo y seguía también viajando y dando conferencias. Después otros científicos y doctores médicos han investigado éste tema.
Las obras escritas al respecto son numerosas. Otra destacada científica es la doctora ELISABETH KUBLER-ROSS. Estudió veinte mil casos entre sus enfermos y fue de las primeras personas en estudiar honestamente la relación que tenemos con la muerte. Algunos volvieron a la vida naturalmente y otros fueron recuperados y reanimados. Escribió un libro titulado también: “Vida después de la vida” (1975) Un libro de belleza poética impresionante.
En él pueden leerse cosas como éstas: “La experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento. Es el nacer a una forma diferente de existencia, la cual se puede probar de forma muy simple”. “Hay tres etapas en el momento de la muerte. El fallecimiento del cuerpo humano es idéntico a lo que sucede cuando una mariposa emerge de su capullo. El capullo puede compararse al cuerpo humano. Pero no es idéntico a tu ser real, sino que se trata solamente de la casa donde vive por un tiempo. Tan pronto como el capullo se encuentra en condiciones irreparables, la mariposa será liberada”. “Cuando la sábana de la cama cubre el rostro de la persona fallecida, cuando la mortaja envuelve el cuerpo, comienza la metamorfosis”. “En la segunda etapa, el ser humano se alimenta de energía psíquica. Tan pronto como tu alma deja tu cuerpo, te das cuenta e inmediatamente, que puedes percibir todo lo que sucede en el lugar donde falleciste. Sin embargo, no te encuentras, registrando todos esos eventos en tu conciencia terrena, sino en otra clase de conciencia nueva.
Puedes enterarte de lo que los demás dicen exactamente, de lo que piensan y cómo actúan. En esta etapa, el que ha muerto, se dará cuenta de que se encuentra completo de nuevo. Personas que eran ciegas, pueden ver de nuevo, y la gente que no podía escuchar y hablar, puede hacerlo otra vez. Aquellos de mis pacientes que sufrían de esclerosis múltiple, me decían llenos de alegría, despuésde que regresaran de una experiencia cercana a la muerte. “Dotora Ross, podía bailar de nuevo” En la tercera etapa, la doctora Ross se refiere “a la visión de una hermosa y cegadora luz blanca. Una vez se atraviesa esa luz, ya no se puede volver” “Morir es mudarse de una casa a otra mucho más bella.” “Si aceptas tu vida como algo para lo que fuiste creado, ya no volverás a cuestionar cuáles vidas son prolongadas y cuáles no. Todos hemos sido creados para vivir una muy simple, bella y maravillosa vida. Mi deseo más grande es que comiences a ver la vida de manera diferente”. Querría decir más sobre este libro, mi amado nieto Jorge. Pero sería otra vez demasiado extenso. Por tanto te aconsejo leer esta obra literaria.
Ante todo perdona si he sido demasiado latoso, pero el tema merece la pena. Creo indispensable que asumas sus significados. -Muchas gracias yayo. Creo que lo he entendido todo. Pensaré en todo esto. Te preguntaré cuando tenga alguna duda. -Muy bien, Jorge, pero recuerda siempre que en toda existencia, “ahora” es consecuencia de “antes” y causa de “después”. <b> </b><b><i>DEDICADO A MI PADRE, EN EL ANIVERSARIO DE SU PARTIDA DE ESTE MUNDO, EL PRIMERO DE NOVIEMBRE DE 1983. </i></b><b> Fuentes de información: </b>Mitología egipcia. “El Libro de los Muertos” egipcio Mitologías nórdicas, griegas y romanas, así como de otras culturas africanas, americanas y del centro y sur de este continente americano.. La Biblia.. Diferentes religiones y filosofías. Destacado el Hinduismo y los libros de los Vedas o La Tora hebráica, señalando especialmente El Zohar o La Cábala. Budismo tibetano “El Libro de los Muertos” tibetano Diferentes cosmogonías “Vida después de la vida” de la doctora Elisabeth Kubler-Ross. “Vida después de la vida” del doctor Raymond A. Moody, Jr. Las obras de Allan Kardec “Potencias PSI GAMMA y PSI KAPPA” del premio Nobel W. Crookes (entre otros eminentes investigadores de las potencias del cerebro). Diferentes obras sobre psicoanálisis y psicoanalistas, como Carl Gustav Jung.